El ser
humano de todos los tiempos, abrumado por la idea de la muerte, ha
tratado de conjurarla, hacerla aliada y cómplice, evitarla, combatirla,
rehuirla… de mil formas, siempre presentes en la producción artística de
cada época, especialmente en las arte plásticas, la literatura y la música.
Existe una vieja leyenda
europea, muy cercana en algunos aspectos a la cultura mejicana, que narra como en el
día de muertos, la Muerte se levanta del inframundo para danzar y
disfrutar a lo largo de toda la noche con el resto de los fallecidos, a
quienes convoca para que salgan de sus tumbas a través de una melodía con
su violín.
Una
innumerable cantidad de textos asumen la muerte como una continuación
natural de la vida, algo inapelable, que además trae como compensación
un efecto nivelador de las diferencias que la mísera vida ha traído para
los más débiles. Las Danzas
de la Muerte, que recorrieron la Europa de la Edad Media, son un ejemplo
de esa tarea igualitaria de la muerte, que llama a su siniestra danza a
los personajes más variados, para segarles el aliento por igual al
Obispo que al campesino, esta vez sin diferencias de clase, riquezas o
posición social.
Así, como ejemplo, tenemos:
- Danza macabra de Camille Saint-Saents (1835-1921):
- Una noche en el Monte Pelado de Mussorgsky (1839-1881):
- Danza del fuego fatuo de "El amor brujo" de M. Falla (1876-1946)
Por otro lado, el género musical más ligado a la muerte son las misas de Requiem. El Requiem es la misa de difuntos de la religión católica, un ruego por las almas de los muertos, reproducido justo antes del entierro o en las ceremonias de conmemoración o recuerdo.
El más conocido es el Réquiem de W.A. Mozart (1756-1791) que dejo incompleto a su muerte. A continuación podemos escuchar el Lachrimosa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario